Las noticias destacan el crecimiento del sector automotriz en la Argentina y todos rescatan las altísimas tasas de crecimiento de la industria, sin embargo ¿es todo eso crecimiento genuino? (ver: 1 y 2)
La mayoría de los autos nuevos que se comercializan en la Argentina o bien son fabricados aquí o bien son importados de Brasil. Lo importante es que debido a ciertas restricciones al comercio internacional, impuestas por el gobierno nacional, los autos cuestan aquí bastante más que en Europa o Estados Unidos. Por poner un ejemplo el modelo de Peugeot 307 SW 2.0 en España cuesta $85.399 mientras que en Argentina $98.200 –ambos medidos en pesos argentinos. La diferencia no sólo es una cuestión de precios, basta con observar la ficha técnica de ambos para encontrar algunas diferencias de bondades que cada uno de los coches trae. En otras palabras: Ellos pagan precios más bajos y además obtienen más tecnología de punta.

¿Qué implicancias tiene esto? Que parte de todo este crecimiento no es genuino. Porque no tiene en cuenta todo el costo implícito que implican esas restricciones al comercio internacional. Estas estadísticas sólo registran los “ingresos”, pero como economistas nuestra tarea es evaluar tanto los “ingresos” como los “costos”. Y lo pongo entre comillas porque a veces estos ingresos y costos son más amplios que los que figuran en el procedimiento estadístico.
Teoría
Desde el punto de vista teórico este caso se analiza muy sencillamente, si se me permite ser pedagógico. En Argentina se vendieron cerca de 570.000 unidades nuevas en el 2007, lo cual es un monto pequeño dentro del comercio mundial. De modo que podemos indicar que de existir la posibilidad de importar libremente la demanda se encontraría con una oferta casi plana. Lo que quiere decir que al precio internacional se podrían consumir muchísimas unidades de producto, por ejemplo, Peugeot 307. Eso está marcado en el gráfico con el un 1. Al restringir la posibilidad de importar, la demanda local se enfrenta esta vez a una oferta de autos producidos en la Argentina. Pero en este caso esta oferta produce más caro que lo que lo saben hacer los estadounidenses, los europeos o los indios. De modo que las consecuencias son que terminamos adquiriendo una menor cantidad de vehículos y lo hacemos a un precio más alto.

Ejercicio práctico
En general este argumento se suele rebatir indicando que de abrirnos nos quedaríamos sin industria nacional. Pero permítanme hacer un ejercicio sencillo y práctico. Supongamos que por cada auto nuevo que se vendiera en la Argentina hubiera un diferencial de dinero de, digamos, $10.000. Es decir, que estuviéramos pagando $10.000 de más por cada auto producido localmente –comparado con comprarlo en el extranjero. Si multiplicamos esa diferencia por la cantidad de autos nuevos vendidos nos daría cuál es, aproximadamente, el costo que como economía en su conjunto estamos gastando de más. Al hacerlo obtenemos la súper cifra de $5.700 millones. Lo que representa más del 5% de todo el consumo del sector público del total país (link) en un año (!). Para que se entienda mejor: de abrirnos al comercio mundial podríamos tener más autos nuevos, más baratos y con mayor tecnología. Además obtendríamos los beneficios de poseer coches más seguros en las rutas, lo que podría reducir los accidentes de tránsito. Y, como si fuera poco, podríamos darnos el lujo de destinar los $5.700 mlls para, por ejemplo, capacitar y/o subsidiar a todos aquellos que quedasen desocupados para ayudarlos a que se incorporen a otros sectores.
Para tener una idea de la magnitud que significan $5.700 mlls: son más del 40% del presupuesto total del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires en un año (link). De nuevo pero de otra forma: todos los años (!) podríamos destinar toda esa cifra para ayuda o para destinarlos a otras actividades más productivas.
Por eso hay mucho de estos “8 puntos de crecimiento” que no son tales. Principalmente porque no están destinados a actividades eficientes. En el corto plazo eso puede no verse, pero en el largo plazo todo se trata de la productividad.